LA PREGUNTA DEL MILLÓNEnviado11 Sep 2015

Y digo yo,con lo bien que se está sin hacer  nada, mirando el infinito ¿ Qué objeto tiene que vayamos en verano de un lado a otro, corriendo por supuesto, para ver cuatro iglesias, dos playas, unos osos. una representación de baile y canto local todo en una tarde?
Dejar la mente en blanco es una opción muy válida que nada tiene que ver con el yoga y la meditación, sino con el hecho de que se tiene tiempo y se pierde con absoluto disfrute del propietario de ese bien tan preciado.
Yo me repito frecuentemente como un mantra: no tengo nada que hacer y hay que ver lo feliz que me  siento. 
Superado el momento de derrochar el tiempo a placer viene la parte más dura: ponerse en camino y recorrer los doscientos metros que me separan del Corocota. Llegada a la meta, objetivo cumplido, levantamiento de brazo,derecho o izquierdo ( se puede ser zurdo) y petición solemne de un tinto de Ribera que el camarero nos sirve amablemente, a continuación la busqueda del asiento  favorito y a descansar pensando en los osos, las iglesias que llevan siglos en los pueblos y las cuevas en las que el tiempo se cuenta por millones de años.
Y no es que no me guste todo lo anterior, de hecho me encanta, pero me da pereza pensar en el verano como  una carrera de galgos en pos de la actividad.
Los físicos han demostrado que el movimiento continuo no existe, ingenuos , que busquen un veraneante y ya verán.

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